sábado, 22 de septiembre de 2012

Por cierto, para todos aquellos que no conozcan las aventuras de Elmer, os recomiendo vivamente cualquiera de sus aventuras. Su autor es David Mckee y podéis encontrarlo en cualquier librería o biblioteca que se precie. Dadas sus fantásticas ilustraciones, los cuentos de Elmer están especialmente indicados para aquellos niños y niñas que todavía no son lectores pero, en mi opinión, son pequeñas obras de arte que merece la pena tener en cualquier rincón de nuestra casa y siempre a mano de nuestros enanos. ¡No se cansarán de mirarlos!
  

¿Por qué quiero ser como Elmer?


Elmer es un personaje pintoresco miembro de una manada de elefantes de todo tipo: jóvenes, viejos, altos, gordos o delgados, pero todos ellos indefectiblemente grises, es decir... color elefante. Elmer, en cambio, es amarillo, y anaranjado, y rojo, y rosado, y morado, y azul, y verde, y negro y blanco. Elmer es diferente, y es único. Los colores brillantes de la piel, se repiten en la alegría de su carácter.

Cuando el elefantito decide cambiar de color para ser igual a los demás, se terminan las bromas y la manada se vuelve seria, silenciosa y quieta.

Veo muchos paralelismos entre este precioso cuento de Elmer y mi labor como educador y padre. Hace muchos años que mi labor formativa y educativa va encaminada a formar a muchos Elmer, es decir, librepensadores que sepan analizar la información que les da la sociedad y así poder decidir libremente lo que desean hacer con su vida. A mi entender, nuestra sociedad y gran parte de nuestro sistema educativo están “fabricando” alumnos y ciudadanos dogmáticos, fáciles de controlar, anodinos, apáticos… ¿Realmente queremos que nuestros hijos vivan en ese mundo?

Me niego a admitir que no somos capaces de cambiarlo.

¿Me ayudáis?