Elmer es un personaje
pintoresco miembro de una manada de elefantes de todo tipo: jóvenes, viejos,
altos, gordos o delgados, pero todos ellos indefectiblemente grises, es
decir... color elefante. Elmer, en cambio, es amarillo, y anaranjado, y rojo, y
rosado, y morado, y azul, y verde, y negro y blanco. Elmer es diferente, y es
único. Los colores brillantes de la piel, se repiten en la alegría de su
carácter.
Cuando el elefantito decide cambiar de color para ser igual a
los demás, se terminan las bromas y la manada se vuelve seria, silenciosa y
quieta.
Veo
muchos paralelismos entre este precioso cuento de Elmer y mi labor como
educador y padre. Hace muchos años que mi labor formativa y educativa va
encaminada a formar a muchos Elmer, es decir, librepensadores que sepan
analizar la información que les da la sociedad y así poder decidir libremente
lo que desean hacer con su vida. A mi entender, nuestra sociedad y gran parte
de nuestro sistema educativo están “fabricando” alumnos y ciudadanos dogmáticos,
fáciles de controlar, anodinos, apáticos… ¿Realmente queremos que nuestros
hijos vivan en ese mundo?
Me
niego a admitir que no somos capaces de cambiarlo.
¿Me
ayudáis?

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